jueves, 31 de marzo de 2016

Evitando las reacciones defensivas frente al cambio

Evitando las reacciones defensivas frente al cambio

El cambio forma parte ineludible de cualquier proceso de crecimiento personal o terapéutico. Autores como Prochaska y Di Clemente (1983) ya nos hicieron ver su importancia y la necesidad de conocer las diferentes fases motivacionales implicadas en ese proceso.
Es habitual que ante consejos, indicaciones o hasta certezas sobre la necesidad del cambio de hábitos, conductas o actitudes, las personas se muestren a la defensiva, tratando a continuación de justificar su comportamiento actual y negando por tanto la necesidad de cambio.
Desde el punto de vista psicológico existe una herramienta cognitiva, bastante simple y efectiva (también poco utilizada), que nos ayuda a evitar las resistencias que a menudo encontramos a la hora de cambiar determinados comportamientos, en general poco saludables:
Me refiero a la auto-afirmación, un mecanismo bastante simple que sin embargo parece suficiente para abrir las mentes de las personas cuando se enfrentan al cambio.

Este mecanismo es conocido ya desde los primeros avances publicados al respecto por Steele (1988). Su teoría explica básicamente cómo las personas pueden reducir el impacto de una amenaza al concepto de sí mismo, centrándose y afirmando su competencia en alguna otra área que dominan.
Algo así como: “Si golpeas mi autoestima evidenciando mi falta de habilidad en un área determinada, intentaré compensarlo demostrando mi competencia en un área diferente”. O expresado de otro modo: “Voy a compensar mis debilidades potenciando mis fortalezas”.
Este mecanismo ha sido ahora confirmado por un nuevo estudio reseñado recientemente por la Academia Nacional de Ciencias de EEUU.

Para ello los investigadores se centraron en mensajes habituales relacionados con un estilo de vida saludable, como la necesidad de comer sano o hacer algo de ejercicio cada día, que son a menudo rechazados por cierta actitud defensiva que se justifica en la falta de tiempo o de energía.
La investigación ha encontrado que centrarse en los valores personalmente importantes puede ayudar a las personas a aceptar este tipo de mensajes que de otro modo podrían ser valorados como amenazantes.
El estudio comentado (Falk et al., 2015) escaneó los cerebros de un grupo de personas a las que se les dio una serie de consejos típicos sobre el ejercicio y la vida sana en general.
Antes de recibir estos consejos, algunos fueron entrenados en un ejercicio de auto-afirmación, que consistía simplemente en pensar en algo realmente importante para el sujeto, asuntos como la familia, el trabajo, la religión o cualquier cosa que tuviera un significado especial.
Los investigadores estaban interesados en la actividad de una parte del cerebro llamada corteza prefrontal ventromedial (CPFVM), área que está directamente involucrada en cómo procesamos la información de auto-referencia.

Todos los participantes, elegidos entre personas que llevaban una vida sedentaria, fueron seguidos durante una semana antes y un mes después de recibir los mensajes relacionados con el ejercicio y la vida saludable.
Los resultados mostraron que las personas que habían realizado el ejercicio de auto-afirmación tenían inicialmente más actividad en la CPFVM, lo que sugiere que se habían tomado el consejo más seriamente, pero además sus niveles de actividad durante el mes siguiente a la prueba aumentaron significativamente, mucho más que en el grupo de control.
Según los autores del estudio, estos resultados ponen de manifiesto que algo tan simple como la reflexión sobre nuestros valores fundamentales puede cambiar de manera significativa la forma en que nuestros cerebros responden a los mensajes que nos encontramos cada día.

Lo más importante es que esta respuesta neuronal influye de manera directa sobre la disposición y la motivación que mostramos hacia el cambio en un momento determinado. Algo que, como se dijo al principio es vital en cualquier proceso terapéutico, de aprendizaje o de crecimiento.
Si te interesan los procesos de cambio, te recomiendo mirar el excepcional documento que acompaña a este artículo: “Cómo cambian las personas y cómo podemos cambiar nosotros para ayudar a muchas más personas”, firmado por James O. Prochaska, gran teórico del cambio en el ámbito terapéutico.

Una estimulante e integradora hipótesis de trabajo sustenta el resto del texto: “El gran nexo a través de los tratamientos sugiere que hay vías comunes para el cambio, independientemente de cómo las personas sean tratadas en la terapia”. Sin duda, un punto de partida interesante.

Fuente: Jose Manuel Garrido

lunes, 28 de marzo de 2016

¿Qué es el autoconcepto y cómo se forma?

¿Qué es el autoconcepto y cómo se forma?


El autoconcepto es básicamente la imagen que tenemos de nosotros mismos. Esta imagen se forma a partir de un buen número de variables, pero es particularmente influenciado por nuestras interacciones con las personas importantes en nuestras vidas.
Incluye la percepción de nuestras capacidades y nuestra propia singularidad, y a medida que envejecemos estas auto-percepciones se vuelven mucho más organizadas, detalladas y específicas.

Componentes del autoconcepto

Al igual que ocurre con otros muchos términos en psicología, diferentes acercamientos teóricos han propuesto diferentes formas de definir y pensar sobre el autoconcepto.
De acuerdo con una teoría conocida como la teoría de la identidad social, el autoconcepto se compone de dos partes fundamentales: la identidad personal y la identidad social.
Nuestra identidad personal incluye cosas tales como los rasgos de personalidad y otras características que hacen a cada persona única. La identidad social incluye los grupos a los que pertenecemos dentro de la comunidad, la religión, la universidad o la propia familia.
Para el Psicólogo humanista Carl Rogers el concepto de sí mismo se compone de tres factores diferenciados:
  1. La imagen de ti mismo, o cómo te ves. Es importante darse cuenta de que la auto-imagen no coincide necesariamente con la realidad. La gente puede tener una auto-imagen inflada y creer que son mejores las cosas de lo que realmente son. Por el contrario, las personas también son propensas a tener auto-imagen negativa y percibir o exagerar los defectos o debilidades.
  2. La autoestima, o cuánto te valoras. Una serie de factores puede afectar a la autoestima, incluso cómo nos comparamos con los demás y cómo responden los demás ante nosotros. Cuando la gente responde positivamente a nuestra conducta, somos más propensos a desarrollar una autoestima positiva.
  3. El Yo ideal, o cómo te gustaría ser. En muchos casos, la forma en que nos vemos y cómo nos gustaría vernos a nosotros mismos no coincide.

Congruencia e Incongruencia

Como se mencionó anteriormente, los auto-conceptos no siempre están perfectamente alineados con la realidad. Según Carl Rogers, el grado en que el autoconcepto de la persona coincide con la realidad determina el grado de congruencia o incongruencia.
Rogers cree que la incongruencia tiene sus primeras raíces en la infancia. Cuando los padres ponen condiciones al afecto que ofrecen a sus hijos (sólo expresan su amor si los niños “lo ganan” a través de ciertos comportamientos, o satisfacen las expectativas de los padres), los niños empiezan a distorsionar los recuerdos de experiencias en los que se han sentido indignos del  amor de sus padres.
Por contra, el amor incondicional, ayuda a fomentar la congruencia. Los niños que experimentan este tipo de amor no sienten ninguna necesidad de falsear continuamente sus recuerdos para creer que otras personas los aceptan como realmente son.

Fuente:Revista de Psicologia

jueves, 24 de marzo de 2016

Reforzando la autoestima con la evidencia

Reforzando la autoestima con la evidencia


La autoestima es una creencia básica en uno mismo como persona buena, capaz y digna de existir. Suena bastante simple y sin embargo, muchos de nosotros no creemos en nosotros mismos ni nos sentimos merecedores de una existencia razonablemente feliz. Una de las razones principales de esto es el conjunto de creencias irracionales que mantenemos en nuestros cerebros.

Las creencias irracionales son ideas autodestructivas sobre uno mismo. Nos hacen sufrir emocionalmente, pero están tan firmemente arraigadas que suponen un importante y difícil reto sacarlas de nuestra psique.
El concepto de las creencias irracionales proviene de la teoría cognitiva, que sugiere que no es nuestra experiencia la que nos mantiene en un estado de baja autoestima, sino nuestras propias ideas acerca de esas experiencias que nos atrapan en una prisión psicológica. Por ejemplo, no es nuestro trabajo real lo que nos hace miserables, sino nuestras creencias acerca de nuestro trabajo lo que nos hace sentir de esta manera.
De esta explicación se desprende que si podemos deshacernos de las creencias irracionales y desarrollar otras más realistas, podremos reducir nuestra agitación emocional. Pero ¿por dónde empezamos?
Hoy quiero hablar de una técnica llamada “confrontación” que podemos utilizar para aumentar los sentimientos de autoestima. Confrontar implica desafiar a nuestros propios pensamientos que sabemos perjudiciales para nuestra autoestima y sustituirlos por pensamientos más saludables.

Estos son  los cinco pasos básicos para contrarrestar los patrones de pensamiento poco saludables:
Primero. Hacer un inventario de las declaraciones negativas que uno se dice a sí mismo. Es útil llevar un cuaderno durante una semana en el que anotar estos pensamientos cuando se producen.
Segundo. Identificar patrones negativos de pensamientos y creencias irracionales. Por ejemplo, después de una semana de auto-registro, podemos encontrar que a menudo nos decimos: “Soy estúpido”.
Tercero. Crear un par de posibles “mantras” o frases que se opongan o minimicen esos pensamientos negativos. Un mantra puede ser una afirmación, una frase o incluso una sola palabra que se opone directamente a la autocrítica de manera eficaz. Utilizando el ejemplo anterior, podríamos contrarrestar “soy estúpido” con “me ha ido bien en los estudios y en mi carrera!” o, simplemente, “¡Tonterías!”
Cuarto. Poner a prueba cada mantra o palabra clave para ver cómo funcionan y cual de ellos puede ser más eficaz en cada contexto. Para ello debemos primero repetir la autocrítica para inmediatamente después seguir con la palabra o frase que se opone.
Quinto. Por último, debemos poner en práctica lo aprendido. Cada vez que nos encontremos con una auto-declaración negativa, rápidamente opondremos el mantra apropiado. Puede usarse un cuaderno para llevar el registro de las diversas situaciones y sus resultados. Si el mantra es eficaz, debe producirse una disminución progresiva de las auto-declaraciones negativas.

La confrontación es una técnica de reestructuración cognitiva, basada en la evidencia, muy útil para mejorar el sentido de la autoestima. Es una técnica que yo mismo he venido utilizando en mi actividad clínica diaria con muy buenos resultados, tanto en adultos como en jóvenes y adolescentes, y que puede ponerse en práctica con relativa facilidad.

Fuente: 
Jose Manuel Garrido

lunes, 21 de marzo de 2016

7 maneras de limpiar tu mente de pensamientos negativos

7 maneras de limpiar tu mente de pensamientos negativos


El pensamiento negativo puede llegar a convertirse en un hábito peligroso. Los pensamientos se hunden en la mente y permanecen allí hasta que tomas medidas para deshacerte de ellos.
Cuando empiezas a pensar negativamente, puede ser tentador tratar de obligar a esos pensamientos a salir de tu cabeza. Intentar que desaparezcan y expulsarlos para siempre. Pero este enfoque a menudo resulta contraproducente. Luchar contra esos pensamientos negativos en realidad puede reforzar ese patrón de pensamiento empeorando las cosas. Cuanto más se intenta no pensar en algo, más se termina pensando en ello.
Para deshacerse de los pensamientos negativos es necesario intentar un enfoque diferente, algo que limpie tu mente de una vez por todas. Aquí hay siete maneras de limpiar tu mente de pensamientos negativos.

1. Cambia el lenguaje corporal

Toma un momento para observar tu lenguaje corporal. ¿Estás encorvado o con una postura cerrada?¿Frunces el ceño? Si es así serás más propenso a pensar negativamente. Un lenguaje corporal inadecuado puede bajar tu autoestima y conducirte a una falta de confianza. En ese estado emocional, es natural empezar a tener malos pensamientos.
Para sentirte seguro debes abrir tu postura y sonreír más. Corrige tu lenguaje corporal y te sentirás mucho mejor. Podría ser justo lo que necesitas para borrar esos pensamientos negativos.

2. Habla sobre el tema

A veces el pensamiento negativo aparece porque existen problemas o emociones que necesitas comunicar. No es bueno guardarse las cosas para sí mismo. Si hay algo que necesita ser hablado debes hacerlo. Poner los pensamientos en palabras les da forma y los hace visibles, y eso te ayudará a poner los problemas en perspectiva para que puedas ocuparte de ellos de un modo más eficaz.

3. Intenta vaciar tu mente durante un minuto

Cuando tu mente está corriendo a mil por hora puede ser difícil mantener la calma. De este modo es más complicado controlar los pensamientos, en especial los negativos. Un minuto de calma a menudo es suficiente. Puede ser muy útil la meditación, y debes pensar en ello como un reinicio. Una vez que la mente está vacía, se puede llenar con algo más positivo.

4. Cambia el foco de tus pensamientos

A veces el pensamiento negativo es el resultado de una mala perspectiva. Echa un vistazo al punto de vista que tomas ante las cosas que suceden a tu alrededor. Por ejemplo, en lugar de pensar: “Estoy pasando por un momento difícil y estoy teniendo problemas”, puedes pensar: “Creo que estoy enfrentando algunos desafíos, pero estoy trabajando en la búsqueda de soluciones”.
Básicamente, te estás diciendo lo mismo, salvo que la segunda forma tiene un punto de vista más positivo. A menudo ese pequeño cambio de foco puede suponer una gran diferencia en tus patrones de pensamiento.

5. Se creativo

Cuando los pensamientos negativos vienen resulta muy útil encontrar una salida creativa para esos pensamientos. Escribe las cosas. Dibuja o pinta algo. Explorar las emociones a través de la creatividad actúa como auto-terapia y elevará tu estado de ánimo. La creatividad puede sentirse como una liberación. Cuando procesas tus emociones a través de una forma de arte o creatividad, estás rompiendo la dinámica habitual de tus pensamientos y te será más fácil entenderlos y controlarlos.

6. Da un paseo

Debido a que los pensamientos residen en la mente es fácil asumir que es ahí donde se forman. Pero eso es sólo parcialmente cierto. A veces nuestros pensamientos son producto de nuestro entorno. Por ejemplo si estás rodeado de gente negativa es probable que comiences a pensar también en forma negativa.
Alejarte de este ambiente negativo puede ayudar de manera considerable. Dar un corto paseo con la cabeza en alguna parte como un parque o un museo pude ser suficiente. El tiempo que pasas lejos de las influencias negativas te aportarán un espacio necesario de tranquilidad.

7. Enumera todo aquello que vale la pena en tu vida

¿Ha olvidado todas las cosas buenas que te rodean? A veces, en la rutina diaria, perdemos el enfoque sobre las cosas razonablemente buenas que están presentes en nuestras vidas. Debes entrenar a tu mente para que vuelva a concentrarse en todo lo bueno que sucede a tu alrededor.
Enumera cada una de las cosas por las que debes estar agradecido, no importa lo pequeñas que parezcan ser. No des nada por hecho en este aspecto. A veces las cosas buenas de nuestras vidas están justo en frente de nuestras caras y aún así no alcanzamos a verlas. Deja de estar ciego ante todas las cosas positivas que ya tienes.
Completamos este artículo ofreciendo para su descarga un breve manual, elaborado por Fernando Pena, sobre la Terapia Racional Emotiva, un tipo de abordaje terapéutico que actúa principalmente sobre los pensamientos negativos, y que se basa en la premisa de que el pensamiento disfuncional es la principal causa del malestar emocional.

Fuente:Revista de Psicologia

jueves, 17 de marzo de 2016

Cinco grandes mitos sobre los límites personales

Cinco grandes mitos sobre los límites personales

 

Los límites están en todas partes, presentes casi en cada rincón de nuestras vidas. Piensa en los pasos de peatones, en las horas de oficina, en las normas de circulación o en las propias normas sociales. Entendemos que estos parámetros son vitales para protegernos. Sin embargo, cuando se trata de establecer límites personales, los mitos abundan. Suponemos erróneamente, desde que imponer límites puede ser algo egoísta hasta que el amor verdadero es ajeno a los límites.
A continuación exponemos algunas de las realidades que se encuentran detrás de los mayores mitos sobre los límites personales:
Mito 1. Los límites nos alejan de los demás.
La realidad es que los límites son realmente claves para las relaciones personales. Según algunos autores, los límites ayudan a distinguir entre sí mismo y los demás,  y esta percepción ayuda a mantener relaciones más saludables y duraderas.
Los individuos con una diferenciación saludable de sí entienden que son distintos de los que les rodean. En otras palabras, aprenden a diferenciar sus propios sentimientos, pensamientos, necesidades y experiencias. Esto les permite permanecer verdaderamente conectados con los demás sin perder su propio sentido de sí mismo.
Mito 2. El amor no requiere límites.
En muchas familias y círculos de amistad, la expresión ‘te amo’ se equipara con ‘Estoy dispuesto a hacer lo que me pidas en cualquier momento’. Esto supone que en nombre del amor verdadero, muchas personas terminan cediendo a demandas que causan daño, que provocan resentimiento y que, finalmente, pueden destruir la relación.
A veces, y más a menudo de lo que creemos, el gesto más amoroso es decir que no, particularmente en las relaciones con nuestros hijos.
Mito 3. Los límites son egoístas.
La realidad que subyace a este mito es que ayudarás a mucha más gente si estás lleno de energía que si estás agotado, resentido y excesivamente comprometido. Decir que sí te hará sentir bien en ese momento, pero cuando no seas capaz de mantener tu compromiso estarás decepcionando a los demás y a ti mismo.
Decir no puede parecer decepcionante en el momento, pero a la larga te hará ayudar a más personas con mayor eficacia. Además, los límites son realmente útiles para los demás, ya que proporcionan una comprensión más clara de lo que somos, lo que nos importa, y nuestra forma de actuar.
Mito 4. Establecer límites requiere cierta maldad.
La realidad es que en general las personas no perciben los límites personales como un castigo. Este mito puede provenir de personas con límites débiles, cansadas de ser atropelladas o ignoradas. Por otra pare, los límites no requieren de acciones intensas ni violentas. De hecho, a veces los límites más fuertes y eficaces no requieren ni siquiera de palabras.
Mito 5. Los límites requieren demasiado tiempo.
En realidad, es más bien todo lo contrario. Una vida sin límites puede llegar a agotar tu tiempo, tu energía y tus emociones. Las líneas imaginarias que trazamos alrededor de nuestros cuerpos, relaciones, objetos, sentimientos y creencias nos dan el tiempo, la seguridad, los recursos y el enfoque necesario para construir nuestra propia vida y el mundo que estemos dispuestos a crear a nuestro alrededor.
Completamos este artículo con una excelente Guía para el establecimiento de normas y límites en el ámbito familiar, editada por madridsalud.es, en la que se ofrece una visión de las funciones básicas del establecimiento de normas y límites, sus características principales, y las pautas a seguir para establecer las normas en el seno de la familia como primer agente socializador.

Fuente:Revista de Psicologia

 

lunes, 14 de marzo de 2016

La emociones negativas ¿nos hacen más vulnerables?

La emociones negativas ¿nos hacen más vulnerables?

 

¿Pueden nuestras respuestas emocionales al estrés de la vida diaria predecir nuestra salud mental a largo plazo? Según un nuevo estudio publicado en la revista Psychological Science, parecen tener al menos una influencia decisiva.
La científica y psicóloga Susan Charles de la Universidad de California, y sus colegas realizaron el estudio con el fin de responder a una pregunta que ha estado sin responder durante mucho tiempo: ¿Las experiencias emocionales de cada día se suman para hacer colmar el vaso, o por el contrario estas experiencias nos hacen más fuertes y nos proporcionan  más tarde una vacuna contra la angustia?
Utilizando datos de dos encuestas nacionales, los investigadores examinaron la relación entre las emociones negativas diarias y los resultados de su salud mental diez años más tarde.
Los niveles tomados en cuenta para las emociones negativas de los participantes fueron predictores de ciertas disfunciones psicológicas (por ejemplo, sentirse inútil, desesperado, nervioso o agitado) al mismo tiempo que anticiparon el diagnóstico de un trastorno emocional como la ansiedad o la depresión una década después de que fueran valoradas inicialmente las emociones. Así pues las respuestas emocionales negativas de los participantes a los factores de estrés diarios (como un problema en el trabajo o en el hogar) predijeron trastornos psicológicos diez años más tarde.
Los investigadores sostienen que un punto fuerte del estudio es su capacidad para aprovechar una muestra importante de participantes que abarcaban un amplio rango de edades. Los resultados se basaron en datos de 711 participantes, hombres y mujeres, con edades de entre 25 y 74 años.
De acuerdo con Charles y sus colegas, los resultados del estudio muestran que la salud mental no sólo se ve afectada por los acontecimientos principales de la vida, sino que también se ve influenciada de manera importante por el impacto de las experiencias emocionales aparentemente menores.
El estudio sugiere finalmente que la naturaleza crónica de estas emociones negativas en respuesta a factores de estrés diario puede pasarnos factura en nuestra salud mental a largo plazo.

Fuente:  Jose Manuel Garrido

 

jueves, 10 de marzo de 2016

El lado oscuro de la felicidad

El lado oscuro de la felicidad



“Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.” Jean Paul Sartre
En los últimos años, si nos paseamos por cualquier librería que hable acerca del tema de la búsqueda de la felicidad, encontraremos bibliografía sobre la comprensión de lo que hace feliz a la gente, es decir, que singularmente parece que se centran en la maximización de las emociones positivas y minimizar las emociones negativas.
Claramente, hay beneficios al experimentar una emoción positiva y una serie de costes al sentir una emoción negativa. Por un lado, las emociones positivas hacen que aumentemos la conducta de ayudar a otros y por otro lado, las emociones negativas, sobre todo si se producen de manera crónica, son perjudiciales para su salud.
Desde mi punto de vista, la idea de la felicidad, en la sociedad moderna, parece estar destinada a la autorrealización, las emociones positivas, el optimismo… y esto va asociado a la ética de ser emprendedor, la autenticidad personal o con la lógica del consumo (no solo de bienes materiales, sino también del consumo de experiencias y técnicas psicológicas).
Y al pensar en esto, me surge la siguiente cuestión ¿la felicidad siempre es buena?, es decir, ¿existen costes potenciales en esta búsqueda?. Para responder, he analizado las siguientes cuestiones:

¿Existe un grado equivocado de felicidad?

En realidad, experimentar demasiada emoción positiva también puede ser perjudicial para nuestro bienestar. Es decir, que estar excesivamente felices nos hace personas que toman decisiones arriesgadas y puede que tengamos conductas menos adaptadas. Por ejemplo, los altos grados de felicidad eufórica se asocian con un aumento de las conductas de riesgo, como el consumo excesivo de alcohol.
Desde la psicopatología, podremos ver como los altos grados de emocionalidad positiva y bajos de emocionalidad negativa son una de las características de los estados maníacos, entre otros.

¿Existen momentos inadecuados para la felicidad?

Las emociones son el centro de nuestra vida social, y como tal, representan respuestas fisiológicas y adaptación a los cambios. Viendo las emociones de esta manera, puede que nos perjudique a la hora de conseguir una felicidad continua, ya que uno puede experimentar la felicidad en momentos inadecuados. Aquí debemos saber que las emociones negativas pueden ser adaptable en ciertas situaciones.
Por ejemplo, ser feliz cuando uno debe sentir temor podría ralentizar las respuestas fisiológicas necesarias para responder a los estímulos de miedo.

¿Existen maneras equivocadas de buscar la felicidad?

Constantemente perseguir la felicidad puede conducirnos a la decepción, cuando no logramos las metas que nos proponemos. Por lo tanto, las personas que siempre están tratando de buscar la felicidad, es probable que se sientan peor cuando fracasan inevitablemente a ser tan felices como les gustaría ser. Por ejemplo, el pensar que para ser realmente felices tenemos que tener nuestro propio piso o nuestro propio coche.

¿Existen tipos de personalidad incorrectos para la felicidad?

Ciertas formas de emoción positiva pueden ser malas para nuestros resultados sociales. Por ejemplo, el tener un orgullo arrogante es una emoción positiva que se asocia con la vanidad y el narcisismo. Esta forma de orgullo está asociado con desvalorizar y comportarse de forma más agresiva con lo demás, y como tal, tiene el potencial de dar lugar a una serie de resultados negativos.
Nota del Editor
Completamos el artículo con la conferencia presentada por Reynaldo Alarcón (Universidad de Lima) en el I Congreso Iberoamericano de Estudiantes de Psicología (2007), que bajo el título “Investigaciones sobre psicología de la felicidad”, hace un interesante repaso de las diferentes variables psicológicas que se relacionan directa o indirectamente con la felicidad.

Fuente: María de la Torre Fernández

martes, 8 de marzo de 2016

Vivir sin miedo ¿Nos hará más felices?

Vivir sin miedo ¿Nos hará más felices?

 

Casi todos los días leemos sobre una nueva investigación que demuestra los efectos destructivos del estrés en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Esto nos lleva generalmente a tratar de eliminar cualquier atisbo de miedo en nuestras vidas.
Tratamos de hacerlo de muchas maneras diferentes, algunas útiles y otras no tanto: Yoga, meditación, medicamentos, alcohol, exceso de comida, huyendo, negando nuestra realidad… Está claro que nuestros métodos cubren toda una gama de estrategias, en ocasiones peores que la enfermedad.
El psicoterapeuta Thom Rutledge, autor de “Abrazando el Miedo: Cómo convertir lo que nos asusta en nuestro regalo más grande”, sugiere un enfoque diferente, cambiando nuestra relación con el miedo en lugar de intentar esquivarla: “Hemos utilizado nuestra inteligencia superior para crear un monstruo de lo que es esencialmente una respuesta sana y natural a las situaciones adversas o potencialmente peligrosos”. Para Rutledge, la cuestión no es cómo librarse de ese monstruo, sino cómo vivir más allá de su control tiránico.
De una manera compasiva, inteligente, y a menudo divertida, el autor describe cómo distinguir entre el miedo saludable (Ally o Aliado) y el temor insano (Bully o Matón), dos de las voces que viven en nuestra cabeza como miembros de nuestro comité interno.
Algunos atributos del miedo saludable son:
– Permanecer alerta de manera consciente.
– Advertir al instante sobre un verdadero peligro.
– Motivar para tomar las medidas adecuadas, centradas en soluciones.
– Informar de los hechos sin dramatismo.
Por el contrario, las características del miedo insano incluyen:
– Permanecer hiperviligante exagerando el peligro imaginado.
– Quedar paralizado ante la enormidad del peligro potencial.
– Proyectar en el tiempo los problemas que podrían ocurrir en el futuro inmediato o a largo plazo.
Si detectamos que el miedo sano (al que podríamos llamar también intuición) nos está hablando, podemos utilizar la reevaluación cognitiva, para alterar la forma en que pensamos acerca de una circunstancia que induce al miedo. Para ello podemos hacernos alguna de las preguntas siguientes:
1. ¿De qué estás tratando de protegerme? El temor saludable cumple una importante función para preservar nuestra seguridad básica. Estamos agradecidos por la adrenalina que sentimos cuando estamos cruzando la calle y un coche aparece súbitamente. Nos impulsa de inmediato a saltar a un lado y ponernos a salvo. Se trata de un miedo adaptativo.
2. ¿Qué puedo aprender de esta situación? Si tenemos un enfrentamiento con nuestro jefe y nos asalta el miedo al verlo en la puerta de la oficina, podemos reevaluar nuestra parte de la interacción y aprender de ello. ¿Hemos cumplido con nuestro trabajo? ¿Hemos propiciado una tranquila conversación al respecto?.
3. ¿Hay un modo más constructivo de ver esta experiencia? Tal vez hemos pasado por una dolorosa ruptura de una relación o perdimos el contacto con nuestros amigos. Como resultado, nos sentimos solos e incapaces de conocer gente nueva. Podríamos replantear la situación que nos da la oportunidad de practicar e iniciar conversaciones con desconocidos y probar algunas nuevas actividades de grupo, como senderismo, baloncesto, o tardes de cine.
4. ¿Estoy dispuesto a vivir con la incertidumbre? Tenemos que aceptar que no tenemos el programa completo en cuanto a la forma de proceder en cualquier situación, ni tenemos el control de lo que podría suceder en el futuro. Así que muchos factores están fuera de nuestro ámbito de influencia. Sin embargo, con nuestro aliado a nuestro lado (el miedo saludable), en palabras de Rutledge, podemos decir: “¿Puedo fallar? Sí. ¿Fallaré? Puede ser. ¿Voy a ocultarme o a huir de esta situación? No, estoy dispuesto a correr el riesgo”.
5. ¿Estoy dispuesto a sentir un cierto malestar con el fin de aumentar mi valor? Muchas investigaciones han demostrado que un sentido de auto-eficacia (el sentido de la capacidad para realizar tareas y lograr objetivos) está estrechamente ligada a nuestro sentido de la felicidad y el bienestar. Es irónico sin embargo que a menudo, cuando hacemos caso al temor saludable sentimos más ansiedad por negarnos a nosotros mismos la experiencia de vivir con el miedo, actuando de una manera constructiva y desarrollando de este modo una mayor confianza. Es importante experimentar dificultades para crecer.
Rutledge describe su lema personal como “Vivir Sin Miedo“, no en el sentido de que el miedo no existe, sino haciendo ver la necesidad de afrontarlo en el día a día. Y en este sentido afirma: “A pesar de que nosotros no controlamos lo que va a suceder, si estamos a cargo de cómo vamos a responder, y la capacidad de responder es lo que determinará nuestro nivel de satisfacción, cumplimiento, e incluso felicidad.”

Fuente:Jose Manuel Garrido

viernes, 4 de marzo de 2016

Las doce leyes básicas de las emociones


Las doce leyes básicas de las emociones



Tendemos a pensar que las emociones tiene sus propias leyes indescifrables, sin embargo existen diversos estudios que sugieren que las emociones siguen ciertas reglas generales conocidas.
En esta línea el psicólogo Nico Frijda presentó sus doce leyes de las emociones (Fridja, 2006). Al igual que con la mayoría de las leyes hay excepciones, pero éstas se han sintetizado a partir de años de investigación psicológica y se mantienen relativamente estables en el tiempo.

1. La Ley de Significado Situacional

La primera ley es simplemente que las emociones se derivan de situaciones. En general, los mismos tipos de situación provocarán los mismos tipos de respuesta emocional. La pérdida nos hace llorar, las ganancias nos hacen felices y el peligro nos hace temerosos.

2. La Ley de la Preocupación

Sentimos porque nos preocupamos, cuando tenemos algún interés en lo que sucede, ya sea un objeto, nosotros mismos u otra persona. Las emociones surgen de estos objetivos particulares, motivaciones y preocupaciones. Cuando somos indiferentes no sentimos nada.

3. La ley de la Realidad aparente

Lo que parece real para nosotros es lo que provoca una respuesta emocional. En otras palabras, la forma en que evaluamos o interpretamos una situación rige la emoción que sentimos. Por este motivo ciertas películas, obras de teatro o libros no nos involucran emocionalmente, porque, en cierto sentido, no sentimos que reproduzcan la realidad de las cosas.

4, 5 y 6. Las Leyes del Cambio, la Habituación y la Comparación

La ley de la habituación significa que en la vida nos acostumbramos a nuestras circunstancias sean las que sean. Las emociones, por lo tanto, responden más rápidamente a los cambios. Esto significa que siempre estamos comparando lo que está ocurriendo en un marco relativamente estable de referencia (aquello a lo que estamos acostumbrados). Como resultado nuestras emociones tienden a responder más rápidamente a los cambios que están en relación con este marco de referencia.

7. La Ley de la Asimetría Hedónica

Hay ciertas circunstancias horribles a las que nunca podemos acostumbrarnos. Si las cosas son realmente malas, es imposible escapar de sentimientos negativos como el miedo o la ansiedad. Por otro lado las emociones positivas siempre desaparecen con el tiempo. No importa lo mucho que estemos enamorados, cuán grande es nuestro triunfo, o cuán abundante la cantidad de drogas consumidas, las emociones positivas siempre se desvanecen más tarde o más temprano.

8. La Ley de Conservación del Momento Emocional

El tiempo no cura todas las heridas, o si lo hace, sólo lo hace indirectamente. Los eventos pueden retener su poder emocional durante años a menos que vuelvan a experimentarse y  a ser evaluados. Es esta nueva experiencia y la consiguiente re-definición lo que reduce la carga emocional de un evento. Esta es la razón de que algunos hechos que no han sido re-evaluados  (por ejemplo, suspender un examen o ser rechazado por un amante potencial) conservarán su poder emocional durante décadas.

9. La Ley de Cierre

La forma en que respondemos a nuestras emociones tiende a ser absoluta. A menudo conducen inmediatamente a tomar acciones de un tipo u otro, y no permitirán discusión. En otras palabras, las respuestas emocionales están cerradas a objetivos distintos del suyo o a juicios que puedan atenuar la respuesta. Una emoción se apodera de nosotros y nos envía decididamente por un camino, hasta más tarde, cuando una emoción diferente nos envía por el camino opuesto.

10. La Ley de Atención a las Consecuencias

Las personas consideran naturalmente las consecuencias de sus emociones y actúan en función de ello. Por ejemplo, la ira puede provocar sentimientos violentos hacia otro, pero en general la gente se abstiene de agredirse entre sí de cualquier manera. Las emociones pueden dictar un tipo de respuesta, pero la gente puede, normalmente, modular la intensidad de esa respuesta.

11 y 12. Leyes de la Carga más ligera y la Ganancia más grande

El impacto emocional de un evento o situación depende de su interpretación. Poner un foco diferente en una situación puede cambiar el sentimiento. La ley de la carga más ligera significa que las personas están especialmente motivadas para usar reinterpretaciones con el objetivo de reducir las emociones negativas. Del mismo modo cada vez que una situación pueda ser reinterpretada para una ganancia emocional positiva, lo será. Por ejemplo, el miedo puede impedirnos intentar tareas difíciles o peligrosas.

Fuente: Revista de psicologia

miércoles, 2 de marzo de 2016

El arte de establecer tus propios límites

El arte de establecer tus propios límites

 

Creo que no hay muchas habilidades de comunicación interpersonal tan importantes como el arte de establecer tu propio territorio físico y mental, probablemente no las haya. Establecer límites es una parte fundamental del desarrollo de cada una de las relaciones saludables en tu vida.
Pero, ¿qué es exactamente “establecer límites” y por qué lo llamo un arte?
La libertad de una persona termina en donde la libertad de otra comienza. Esta es la razón por la que es esencial establecer tu propio “territorio” psicológico  así como expresar tus deseos e ideas de una manera positiva a quienes te rodean.
Por ejemplo, en tu vida amorosa deberías de expresar lo que esperas de la vida y de la relación en general, lo que deseas y lo que estás o no dispuesto a soportar.
Claro que no es necesario entregar una lista detallada con tus expectativas en la primera cita, pero a medida que la relación va progresando y se comunican diariamente, pronto tendrás la oportunidad de dejar en claro lo que realmente es importante para ti: tus sueños, valores, etc.  Después, será oportuno definir algunas reglas básicas para la relación y en el mejor de los casos, la otra persona estará de acuerdo.
Los límites que establecerás serán tan únicos como tú. Para algunas personas la infidelidad es un gran problema y razón más que suficiente para romper la relación, mientras que para otros, es una expresión de la libertad personal y estarían dispuestos a mantener una relación abierta.
Algunos, odiarán que su pareja sea perezosa o impuntual  y a algunos más, hasta les parecerá graciosos y lo soportarán. ¿Cuáles son tus límites?
Esto no sólo es válido en tu vida amorosa. Estableces límites en todas tus relaciones: con tus padres, tu familia y amigos (usualmente durante y después de la pubertad cuando tienes edad suficiente para negociar). TU decides si lo que ellos opinen va a definir tu elección de pareja, tu carrera y demás decisiones, no ellos. Tú decides si su opinión es tan importante como la tuya en esos aspectos y por qué.
Recuerda que la gente que te aprecia tratará que vivas de acuerdo a sus valores porque creen que eso es lo que te hará feliz. En realidad es algo bueno puesto que significa que les importas pero la decisión tiene que ser tuya y es tu responsabilidad comunicársela a ellos.

¿Por qué lo llamo un arte?

Primero, porque requiere de mucho trabajo, habilidad y algo de talento. No sucede de la noche a la mañana. Tienes que encontrar la manera correcta de explicar lo que quieres a las personas que te importan, a veces, corres el riesgo de ofenderlas. Intenta no ser muy duro, explica tus razones y se receptivo a sus opiniones.
No seas egoísta y solo exijas. El tema de los límites es un camino de doble sentido que requiere acuerdo y entendimiento. Las personas más cercanas a ti te conocerán mejor, pero si no pueden estar de acuerdo en principios fundamentales, su relación será puesta a prueba. Incluso, podría terminar. Esto también es algo bueno. Así ni tu ni la otra persona involucrada desperdiciarán su tiempo.
Por último, pero no menos importante, después de establecer adecuadamente tus límites, define lo que quieres y comunícaselo a las personas que quieres. El resultado será genial. Las personas sabrán qué esperar de ti y lo que te pueden o no pedir; sabrán que aunque estés ocupado los sigues queriendo y estarás rodeado de las personas correctas para ti.
No digo que esto es una tarea fácil. Si tienes talento natural seguro que ya lo haces de manera inconsciente y tienes relaciones estables con las personas que amas. Si es tu caso, ¡genial! Si no, recuerda que es algo que PUEDES lograr, inténtalo.

Fuente:Mila Petkova

 

lunes, 29 de febrero de 2016

3 señales de que estás siendo manipulad@

3 señales de que estás siendo manipulad@

Las personas manipuladoras, así sea tu pareja, un amigos o familiar, son iguales. Bueno, no, no siempre son iguales. Cada persona es única, y como tal,  tiene la capacidad de comportarse de manera desagradable por un montón de razones únicas también.
Sin embargo, el comportamiento manipulador sí que te hará sentir siempre de la misma manera: mal. Ser manipulado usualmente hace sentir a las personas desconcertadas, aisladas e inseguras.

¿Cómo saber que alguien a quien quieres te está manipulando?

1. Te sientes desconcertado/a

La confusión es lo primero que aparece cuando estás siendo manipulado. Empiezas a dudar de tu propia intuición y no te sientes seguro si lo que quieres hacer es lo correcto para la relación.
Esto se debe a que las personas manipuladoras deliberadamente envían mensajes desconcertantes (consciente o inconscientemente) que, inevitablemente, te confunden.
Todo el tiempo lo pasas pensando ansiosamente en cómo reaccionará dicha persona, incluso para las cosas más triviales – ¿Estará bien salir a comer o quedarnos en casa? ¿Planearemos las vacaciones para mayo o para junio?
Simplemente no sabes cómo reaccionará esa persona… pero sabes que probablemente no aprobará la mayoría de las decisiones que tomes, y aun así, te encuentras buscando su atención constantemente.
Si te suena familiar: ¡Alerta! estás siendo manipulado o manipulada.

2. Te sientes aislado/a

Las demás personas importantes en tu vida no soportan al “manipulador” en cuestión. Otra variante, es que tus seres queridos te aseguren que dicha persona les cae bien y es agradable, pero lo que no soportan es la manera en que te comportas cuando estás a su lado.
Esto ocurre porque, quienes te conocen, pueden percibir que no actúas como normalmente lo harías y no les gusta tu nueva personalidad sumisa, extraña e irracional. Como resultado, te alejas y buscas cada vez menos la opinión de personas a las que quieres.
No te olvides que, aunque es importante sostener tus opiniones y luchar por lo que quieres, tampoco hay que ignorar completamente las opiniones de los demás; especialmente, cuando quienes mejor te conocen opinan lo mismo.

3. Te sientes inseguro/a

Dudas de tus propias opiniones y experiencias, dañando tu autoestima de paso. A veces piensas que no mereces el amor de esta persona…o peor, que simplemente no mereces amor. Te vuelves celoso, lo cual es especialmente alarmante, si no eras muy celoso antes.
Tu capacidad de autocontrol se vuelve débil y aunque temas hacer cosas de las que puedas arrepentirte después, si se trata de realizarlas con esta persona, te atreves a hacerlas; incluso sabiendo que es muy probable que seas tú quien termine asumiendo toda la responsabilidad si algo malo llegara a ocurrir.
Una persona manipuladora no te hace sentir seguro emocionalmente (y en algunos casos, ni físicamente).
Si alguna vez sientes las tres señales descritas ¡HUYE! Eso no es parte de una relación saludable y no lo necesitas.
Claro, esa es mi opinión personal puesto que yo no me quedaría en una relación así de tóxica.
Mi opinión como profesional es consultar con un terapeuta. El comportamiento manipulador puede cambiar, sobre todo si la persona lo hace de manera inconsciente.
También puede ocurrir (y ocurre mucho), que las dos partes de una relación sean manipuladoras. Decide si vale la pena esforzarse para eliminar el comportamiento manipulador, o si el daño ha sido tanto que lo mejor es terminar la relación. Lo que está claro es que este comportamiento no debe ser permitido.

Fuente:Mila Petkova

 

viernes, 26 de febrero de 2016

5 sugerencias para mantener los límites con la gente tóxica

5 sugerencias para mantener los límites con la gente tóxica

 

Mantener unos límites razonablemente saludables con la gente tóxica puede llegar a ser difícil. Eso es porque en general este tipo de personas no quieren que tengas tus propios límites. Puede que no sea una decisión consciente, simplemente a menudo es la única estrategia de relación que conocen. Lo cierto es que, independientemente de si es intencional o no, el resultado es el mismo: Tus límites son violados.
¿Cómo podemos entonces mantener nuestra posición ante estas personas? Te ofrecemos a continuación algunas sugerencias:
1 . Darte cuenta de que tus necesidades son importantes.
Cuando dudas de tu propia importancia estás permitiendo que las manipulaciones de ciertas personas difíciles o tóxicas obtengan un punto de apoyo. Sin embargo, cuando entiendes que tu tiempo, tu dinero, tu dignidad y tus necesidades son vitales para tu bienestar, es más fácil poner en su sitio a las personas que quieren romper tus límites.
Si a menudo tienes dudas sobre tu propia importancia, pueden serte útiles algunas de estas sugerencias:
– Estar con personas que te aprecian. Tu grupo social es como un espejo que refleja tu propio valor.  Puedes elegir entre rodearte de gente difícil, egoísta que refleje tu baja autoestima, o puedes rodearte de gente amable, que te respetan y te cuidan y te ayudan a creer que eres digno de ese amor y cuidado.
– Consulta a un terapeuta. La terapia ayuda a construir y reforzar la autoestima y a localizar los obstáculos que te están impidiendo llegar a valorarte a ti mismo apropiadamente.
– Se realista y objetivo. Crea una lista con cada una de las formas en que ayudas a hacer del mundo un lugar mejor. Por ejemplo, seguro que eres un buen amigo de alguien, que haces sonreir a tu cónyuge o tus amigos de forma regular, o que estás comprometido con el reciclaje. Sólo por ser humano ya mereces una serie de derechos fundamentales y de respeto, pero si te fijas un poco más seguro que puedes encontrar cualidades únicas sobre ti mismo.
– Se justo contigo. Si crees que todas las personas merecen respeto, esto te incluye a ti. Si permites que otros te traten como basura, y crees además que tienen derecho a hacerlo, no estás siendo justo.
2 . Ser firme y amable.
Ser firme no significa ser insensible, menospreciar o lastimar a otra persona. Se puede ser firme y amable al mismo tiempo.
3 . Tener expectativas realistas.
Si conoces a una persona que no respeta tus límites y tienes claro que será difícil mantener una relación, debes limitar la cantidad de tiempo que interactúas con ella si esperas mantener tus límites a salvo. No esperes nada bueno, aunque a priori pueda resultar difícil.
4 . Mantenerse alejado.
Muchas veces es importante hacer frente a la gente tóxica, levantarse por sí mismo, y tal vez incluso ponerlos en su lugar, pero a veces alejarse es una estrategia más razonable. Algunas personas son simplemente demasiado tóxicas para enfrentarlas.
5 . Saberse responsable.
Recuerda que proteger tus límites depende exclusivamente de ti. Las personas tóxicas quieren que creas que tu reacción es exagerada o inapropiada, pero recuerda que su único objetivo es hacerte bajar la guardia.
Es típica la situación en que alguien te ridiculiza de manera constante, y cuando te hartas y le pides que deje de hacerlo, te responde que no sabes aguantar una broma. Ante una situación así es importante evaluar el contexto y decidir cómo actuar para que cese en su conducta en el futuro. Es tu decisión cómo y cuando hacerlo y estás en tu perfecto derecho.
En cualquier caso, cuando una persona tóxica intenta violar tus límites, se abre ante ti una gran oportunidad para comprender mejor lo que eres y lo que es importante para ti, y también para hacer crecer esa necesaria voz que te ayudará a reclamar tu territorio, defender tus derechos y declarar lo que vales.

Fuente: Revista de psicologia

 

Personas manipuladoras, cómo descubrirlas y desarmarlas

Personas manipuladoras, cómo descubrirlas y desarmarlas


¿Quién no se ha topado alguna vez con un lobo con piel de cordero?
Esas personas que te convencen de que lo mejor para ti, casualmente es lo mejor para ellos, hasta que finalmente te encuentras haciendo cosas que realmente no deseabas hacer.
Esas personas que no tienen ningún reparo en pedirte que antepongas sus necesidades a las tuyas “por el bien común” o por cualquier otra estratagema.  Esas personas que después de lograr lo que querían de ti, ni siquiera se muestran agradecidos
Esas personas son manipuladoras, y son muy comunes en nuestra sociedad actual. Dichos sujetos tienen grandes habilidades a la hora de distorsionar tus capacidades, haciendo que dudes de ellas y haciéndote sentir frágil o inferior. Esa distorsión les da fuerza a la hora de llevarte a su terreno y de convencerte de que no eres capaz de hacer algo o de que deberías seguir su consejo ya que a él todo se le da mejor que a ti.
De la misma manera, su fuerte es la explotación emocional, es decir, el manejo de tus emociones para conseguir que te sientas culpable (por algo que seguramente ni siquiera has hecho) y que por ello accedas a sus peticiones o intereses.
De esta y otras maneras, las personas manipuladoras logran tomar el control y beneficiarse de las víctimas que le rodean de forma consciente y deliberada.

¿Cómo son las personas manipuladoras?

Son especialistas en identificar tus debilidades
Todos las tenemos y son su mayor arma para herirte, ya que si flaqueas en tus convicciones, si hay algo de lo que no te sientas orgulloso, el manipulador lo encontrará y te torturará con ello, dándole mil vueltas hasta convertirlo en un proyectil en tu dirección.
Son implacables a la hora de alcanzar sus objetivos
Eso significa que pasan por encima de quien sea necesario y por supuesto,  el fin justifica los medios. Cuando trazan un plan de acción, no les tiembla el juicio para hacer o decir lo necesario, sea cruel, sádico o despiadado,  con tal de llegar a donde querían.
Eso si, casi ni te enterarás gracias a sus brillantes y magistrales interpretaciones, que te harán aplaudir de emoción.
Nunca tienen suficiente
Manipular es sinónimo de poder, y por lo tanto, siempre quieren tener más, llegar más lejos, conquistar más almas. Alcanzar nuevos horizontes a costa de los demás.
Cuando ven que sus habilidades les permiten (sin escrúpulos morales) alcanzar metas que por medios propios no podrían, se les llena el corazón de ambición y ansias de más, una adicción que les lleva inevitablemente a la eterna insatisfacción por lo logrado.
La sensación de control
La que se procuran con todo este juego, les hace sentirse superiores al resto de mortales. Ese es un licor que embriaga a la vez que encadena en la búsqueda constante de mantener o mejorar el nivel alcanzado.
Por otro lado, las personas que necesitan sentirse superiores, especialmente a través de pisar a los demás, reflejan un interior podrido y pobre, lleno de carencias e inseguridades que protegen con esa falsa apariencia de poder y control.

¿Todos los manipuladores siguen el mismo patrón?

Ya que el arte de la manipulación engloba multitud de actitudes y cualidades, podemos diferenciar varios subtipos de este género:
La pobre víctima
Es un clásico. La persona es una víctima del mundo. Todo le pasa a ella y los demás se aprovechan de forma perenne. Este tipo de manipulador hace que te sientas culpable de sus desgracias y de lo injusta que es la vida con él, hasta que finalmente accedes a sus peticiones por una mezcla de pena y culpa que te embargan.
Después te sientes hastiado y ciertamente decepcionado porque no es lo que tú deseabas, pero de alguna manera ha conseguido convencerte con sus lágrimas de cocodrilo.
El eterno dependiente
Este manipulador juega con tu ego. Hace que te sientas muy superior, el mejor, mientras que él es poca cosa, débil e inútil, y por supuesto, incapaz de hacer cosas que tu si que puedes hacer… Ahí te ha pillado.
Tu compasión hacia su debilidad sumada a tu ego personal de fortaleza y capacidad te pierden, obligándote sin que te des cuenta a hacer cosas que la otra persona puede hacer, pero que no hará porque se las haces tu. Así se libra de las consecuencias que puedan tener esos actos que te incita a realizar y se evita también el esfuerzo que suponen.
El provocador
Este manipulador juega totalmente al revés. No deja de mostrar tanto su fuerza como su agresividad, de tal modo que prefieres acabar cediendo a tener que enfrentarte a él o generar una disputa. Utilizando esta baza, el manipulador siempre se lleva el gato al agua, consiguiendo “un consenso” a su favor en la inmensa mayoría de los casos, y anulando al resto en su favor.
Los demás, a su vez, cada vez se sienten con menos capacidad de decisión o de convocación, por lo que poco a poco acaban allanándole el camino al macho alfa dominante.
El interpretador
Este sujeto resulta mucho más enrevesado y maquiavélico, ya que extrae las palabras de tu boca, para transformarlas en otra cosa, la cual supuestamente has dicho, pero que va a perjudicarte contundentemente.
Con sus malas artes, al final, acabarás sintiendo remordimientos por haber presuntamente dicho algo inapropiado o por haber herido a alguien con esos imaginados comentarios. También así, modificando levemente tus dichos, haciéndoselos llegar a la persona idónea y tergiversando ligeramente la perspectiva e intencionalidad del contenido, siendo el malo, sin haber tenido siquiera un papel en la función. ¡Bravísimo!
El desprestigiador
Este individuo se siente simplemente perfecto. Una deidad en estado puro. Cada vez que hagas un comentario que pueda aprovechar, va a hacer notar que te has equivocado, va a resaltar cuando se le de oportunidad tus defectos y va a ridiculizarte con sus ácidos comentarios hacia tus particularidades. Son los jueces del mundo y si estás en su punto de mira, cierran la sesión a golpe de mazo, sin posibilidad de réplica o defensa.

¿Cómo defendernos de las personas manipuladoras?

Primero: Hacernos conscientes
El primer paso es hacernos conscientes de que nos están manipulando. Existen unos derechos que son inviolables entre los que se encuentran:
            -Derecho a ser tratado con respeto.
            -Derecho a expresar tus sentimientos, opiniones e ideas.
            -Derecho a establecer tus propias prioridades.
            -Derecho a decir NO sin sentirte culpable.
            -Derecho a defenderte de las agresiones externas, sean físicas o emocionales.
Si sientes que cuando te relacionas con algunas personas, no puedes ejercer estos derechos, plantéate que puedes estar siendo manipulado.
Segundo: Mantener la distancia
Aprende a mantener la distancia (emocional) de seguridad. Igual que en la carretera, si estás cerca de personas que puedan dar “frenazos o volantazos” de forma brusca e inesperada y lastimarte con ello, simplemente retrocede y mantente en una distancia adecuada que evite su aproximación estratégica. Nadie puede herirte sin tu consentimiento.
Tercero: No eres culpable
Si te respondes NO a alguna de las preguntas antes citadas, plantéate que es posible que la víctima no sea el otro sino que seas tú. De la misma manera no puedes tener la culpa de todo lo que pasa a tu alrededor así que si eso empieza a pasar, averigua qué es lo que está pasando.
Cuarto: Preguntas clave
Hacer una serie de preguntas clave a tiempo puede salvarte de un manipulador:
– ¿Crees que lo que me pides es razonable o mínimamente justo?
– Según tu… ¿qué tendría que responder?
– ¿Me lo estás pidiendo o solo me lo estás comentado?
Preguntas de esta índole harán plantearse al manipulador que su plan ha sido descubierto y por lo tanto, es posible que busque a otra víctima más sensible a sus encantos.
Quinto: Tomarse el tiempo necesario
Tómate tu tiempo para responder a sus demandas. Ellos suelen jugar con la presión para obtener respuestas inmediatas. No te permiten pensar y la presión hace que finalmente cedas a sus peticiones. Solo hay prisa para amar, para el resto, tómate tu tiempo.
Sexto: Ser firme
Se firme en tus afirmaciones. Son grandes expertos en la lectura de tu comunicación no verbal, por lo que si titubeas o vacilas, lo notarán, aumentando sus esfuerzos a la espera de tu caída.
Así que ya lo sabes, si te encuentras con uno de estos perversos delincuentes de almas y logras reconocerlo, no dudes en utilizar todas las armas de las que ahora SI dispones para reducirlo a  un mero  y vulgar chorizo en paro.

Fuente: Ángela Gual

miércoles, 24 de febrero de 2016

Personas tóxicas: Cómo reconocerlas y evitar su influencia

Personas tóxicas: Cómo reconocerlas y evitar su influencia

La gente es muy negativa, se pasa el día quejándose”. Seguramente hemos escuchado esta frase o alguna parecida en muchas ocasiones. Detectamos a nuestro alrededor a muchas personas que parecen vivir instalados en la queja, que nunca están conformes con nada, a las que todo les parece mal y con las que cuando intentas mantener un diálogo siempre parecen estar enfadados con el mundo.
Esto no sería un problema que debiera preocuparnos si se quedara ahí, en el ámbito personal de quien muestra estas actitudes. La dificultad se presenta cuando lo que hacen o dicen estas personas sí que nos afecta, cuando comenzamos a sentir que tanto a nivel emocional como físico, el contacto con ellas nos generan un desgaste y un malestar que realmente nos daña.
Todos conocemos a alguna persona que tras pasar un rato con ella, nos genera la sensación de que nos ha “vaciado”, que nos ha dejado sin fuerzas, sin energías. Algo así como una esponja que nos absorbe la alegría, la motivación, que se lleva lo positivo y nos deja en un estado de gran malestar. Y lo que es peor: en muchas ocasiones una profunda tristeza. Estas son las personas “tóxicas.
Bernardo Stamateas, psicólogo argentino muy conocido por sus libros “Gente tóxica” y “Emociones tóxicas”, nos recuerda que todos a lo largo de nuestras vidas nos hemos cruzado alguna vez con personas problemáticas (un jefe, un amigo, un familiar, un compañero de trabajo,…).
Stamateas nos visibiliza lo común de la presencia de estas compañías dañinas, haciéndose la siguiente pregunta: “¿quién no se ha enfrentado con un manipulador que quería que hiciera todo lo que él disponía, con un psicópata que se había predispuesto a hacerle la vida imposible, con un jefe autoritario que pensaba que podía disponer de su vida las veinticuatro horas del día, con un amigo envidioso que celaba todo lo que obtenía, o con un vecino chismoso que controlaba a qué hora salía y entraba a su casa y con quién?”.
Debemos aprender a identificar a las personas tóxicas, lesivas, y reconocer sus estrategias de cara a desactivarlas, para impedir que logren su objetivo de afectarnos y dejarnos esa huella de malestar y sentimientos negativos.
Estos sujetos disponen de muchas vías para “vampirizarnos”. Suelen atacar a través del chantaje emocional, de instalar en nosotros el sentimiento de culpa. También pueden descalificar cualquier cosa que hagamos,  haciéndonos sentir inútiles y socavando nuestra autoestima. O directamente siendo verbalmente agresivos con nosotros, intentando hacernos sentir débiles e inseguros, haciéndonos dudar de nuestras capacidades.
También nos podemos encontrar con un perfil “psicópata, el camaleón experto en cambiar de máscara, manipulador, engañando siempre en su propio beneficio. Añadiríamos también al chismoso, que nos puede intoxicar regando su veneno esparciendo rumores. Y nos podemos encontrar con otro espécimen especialmente irritante: el orgulloso, narcisista, quien cree que todo lo que hace es perfecto, que él mismo es perfecto, y que nadie puede llevarle la contraria, habiéndoles sido concedida la potestad de pisotear y descalificar a las personas que tiene cerca.
Y finalmente, uno de los perfiles más agotadores es el del quejoso, quien siempre tiene un motivo para pensar que el mundo está contra él, que hagas lo que hagas para ayudarle a solucionar su problema tiene otra queja más, que lo primero que hace cuando te ve es vomitar una perorata de quejas, reproches, lamentos y disgustos.
¿A quién le gusta estar cerca de personas que te dejan emocionalmente anémico? Cuando los encuentras en la calle, la reacción instintiva suele ser cambiar de acera inmediatamente mientras cruzamos los dedos para que no nos reconozca.
Otra manera de denominar a estos ladrones del bienestar es la que emplea la psicóloga Patricia Ramírez, quien utiliza el concepto “personas víricas”, definiéndolas como “aquellas que llegan y le contagian de mal humor, de tristeza, de miedo, de envidia o de cualquier otro tipo de emoción negativa que hasta ese momento no se había manifestado en su cuerpo. Es igual que un virus: llega, se expande, le hace sentir mal y cuando se aleja, poco a poco, usted recobra su estado natural y, con suerte, lo olvida”.
Patricia Ramírez nos presenta una completa tipología de “víricos”:
  • Víricos pasivos. Los victimistas, los que echan la culpa de sus males a los que tienen alrededor. Nunca son responsables de lo que les ocurre. Obtienen la atención a través de la queja, y hacen sentirse mal al que no les presta la atención que ellos creen merecer. Estas personas nos contagian tristeza, frustración y apatía.
  • Víricos caraduras. Los que siempre piden favores, pero nunca dan nada, y cuando se deja de satisfacer sus necesidades comienza la crítica y el chantaje emocional. Estos víricos nos generan el sentimiento de aprovecharse de nosotros.
  • Víricos criticones. Su vida es aburrida o frustrante, así que destrozan todo lo que les rodea. Nunca reconocen los méritos de los demás ni hablan positivamente de nadie. Nos transmiten desesperanza, vergüenza e incluso culpa si participamos en su juego.
  • Víricos con mala idea. Todo lo anticipan y lo interpretan como algo negativo, a todo el mundo le ven una mala intención. Transmiten indefensión, inseguridad y ansiedad.
  • Víricos psicópatas. Son los que humillan, faltan al respeto, pegan, amenazan, provocan que te sientas ridículo y menospreciado,  dinamitando tu autoestima. Contagian miedo y odio.
Las personas somos animales sociales, necesitamos el contacto y las relaciones personales, así que ante un ambiente cargado de tanta toxicidad, ¿qué podemos hacer? Aquí les dejamos algunas “recetas”:
  • Reconocer, identificar, tomar conciencia de estar ante una persona tóxica y cómo nos afecta.
  • Marque los límites. Haga visible la situación que le molesta, háblelo abiertamente y de manera asertiva. Y si es necesario, ¡márchese! Recuerde que las personas tóxicas no intoxican a quien quieren, sino a quien pueden.
  • Mantenga como arma fundamental la amabilidad y las actitudes positivas (aunque cueste). Si se mantiene en su sitio, frenará los ataques.
  • Si sólo le hablan de problemas, y siempre es ese el único tema en sus contactos con alguien, hágale reflexionar, pídale que se active, y que busque soluciones. Usted no es un paño de lágrimas perpetuo ni un solucionador.
  • No permita que nadie critique delante suyo a personas que no están presentes. Si entra en ese juego, será igual que ellos.
  • Nunca deje que nadie le maltrate, le minusvalore ni le falte al respeto. Aleje de usted a los “psicópatas”.
  • Quíteles el poder: evite a estas personas, no les permita el acceso a su intimidad, abstráigase mentalmente de su presencia y comportamientos (no haga caso, no le dé importancia, no se ofenda).
Y sobre todo: no permita nunca que nadie le inocule el virus que le haga mutar en una persona tóxica.

 

viernes, 19 de febrero de 2016

Empatía, el mejor antídoto contra la ira en las relaciones

Empatía, el mejor antídoto contra la ira en las relaciones

 

El amor no es un contrato entre dos narcisistas. Es más que eso. Es una construcción que obliga a los participantes a ir más allá del narcisismo. Con el fin de que el amor dure uno tiene que reinventarse a sí mismo.”Alain Badiou
El resentimiento y la ira en las relaciones a menudo se derivan de la consternación que nos produce un comportamiento del otro que valoramos cómo negativo, que no alcanzamos a entender, y que además suponemos que hace intencionadamente.
Estos son algunos escenarios habituales:
  • Durante meses, se suponía que tu pareja debía cancelar una cuenta bancaria del negocio, que estaba generando enormes gastos y que ni siquiera se estaba usando. Siempre había alguna excusa, y mientras tanto, cientos de euros se estaban perdiendo.
  • Has pedido a tu pareja innumerables veces que por la mañana sintonice sólo emisoras de radio con música alegre que te ayudan a despertar. Pero mañana tras mañana sintoniza la misma emisora de música clásica que tantas veces le has dicho que te produce más sueño ¿Cómo puede olvidarse siempre?.
  • Ambos pensabais que el otro se había comprometido a hacer la cena. Es casi medianoche y ninguno de los dos la hizo. Esta es la gota que colma el vaso de todas las otras veces que tu cónyuge no hizo la cena cuando dijo que la haría.
Las situaciones anteriores son representativas de los resentimientos que se generan en la vida cotidiana y que llevan a importantes problemas maritales cuando no se manejan con una comunicación efectiva.
Si no se controla adecuadamente, el resentimiento dará lugar a la ira, que pone en juego muchos más recursos emocionales y que convertirá el resentimiento inicial en una espiral fuera de control.
Pero, ¿de qué manera podemos tratar con el resentimiento para evitar su posible escalada hacia la ira? La solución está en canalizar la consternación que nos ha producido el comportamiento de nuestro cónyuge a través de la empatía, para de este modo tratar de entender su punto de vista.
No es fácil desde luego mostrar empatía hacia nuestra pareja cuando sentimos que nos molesta de forma deliberada o actúa sin tener en cuenta nuestros propios sentimientos o deseos, pero aquí te mostramos algunos simples consejos que te ayudarán en esta difícil tarea:

1. Expresa tus sentimientos en primera persona.

He aquí un ejemplo sobre cómo expresar descontento por las acciones de tu cónyuge usando el “Yo” como forma de comunicación asertiva: “Me siento muy molesta por que la cuenta del negocio sigue abierta. Me gustaría saber si puedo ayudarte con este asunto porque voy a sentirme muy aliviada y relajada cuando esté cerrada “.

2. Cuenta hasta diez antes de hablar.

Esto te ayudará a elegir las palabras con más cuidado y no dirás algo de lo que más tarde puedes arrepentirte.
Como indica Pilar Quijada en su artículo “Contar hasta diez”: Diez segundos es, aproximadamente, el tiempo que tarda una información en pasar desde nuestro cerebro emocional, más primitivo, al racional, la corteza cerebral, más evolucionada. Este tiempo marca la diferencia entre actuar impulsivamente o de forma más meditada”.

3. Ponte en el lugar del otro.

Intenta sentir lo que el otro siente, comprender su punto de vista y sus emociones presentes. La comprensión es básica cuando se trata de aceptar a la persona que tenemos en frente. Haz sobre todo un esfuerzo por valorar sus intenciones y sus motivos.

4. Practica la escucha activa.

Repite lo que has oído con el fin de confirmar que estás entendiendo, y afirma los sentimientos de tu pareja.
La escucha activa implica ofrecer disponibilidad, responder asertivamente y mostrar interés por la persona que habla. Se trata de escuchar no sólo lo que el otro expresa directamente, sino también sus sentimientos, pensamientos y emociones.

5. Conecta físicamente.

Hablamos de un abrazo, no de relaciones sexuales, aunque también pueden ser útiles. Incluso no estando en el mismo momento emocional durante el proceso de resolución, la conexión física puede ayudar.
De hecho, algunos terapeutas sugieren que si la relación pasa por una mala racha, tener relaciones sexuales programadas es aconsejable. La conexión programada podría poner las cosas bajo una luz diferente y ayudar en la resolución del resentimiento.

6. Busca un punto intermedio.

Para canalizar el resentimiento mediante la empatía es necesario a menudo encontrarse en el centro de un puente imaginario. Cuanto más pasos se dan en esa dirección más nos acercamos a la comprensión del otro, al tiempo que nos alejamos de los extremos. Salir al encuentro del otro en ese puente imaginario es incompatible con el resentimiento.

7. Practica la empatía diariamente.

La empatía necesita ser entrenada para convertirse en parte de la relación. Es necesario hablar con nuestros cónyuges sobre cómo se sienten, mirando a los ojos, y abiertos a experimentar las emociones del otro. Una vez que la empatía se convierte en un comportamiento intrínseco, el resentimiento suele convertirse en una cosa del pasado.
En definitiva, la empatía es el mejor antídoto contra la ira en las relaciones. Los sentimientos de empatía estimulan además la reducción de la ansiedad natural, y cultivarla como parte esencial de la relación va a tener un impacto no sólo en la convivencia si no en sentirse más conectados y menos estresados.
La empatía ayuda a reinventarse a uno mismo, lo que como Alain Badiou señala, es necesario para un amor duradero.

Fuente:Eva de la Coba

 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Inteligencia emocional en la pareja


Inteligencia emocional en la pareja

Bien es sabida la importancia de la Inteligencia Emocional en las relaciones sociales como medio para poder expresar nuestros sentimientos y emociones y comprender las de los demás.
Resulta enteramente lógico afirmar que el uso de la IE en una relación de pareja pretende ser de suma importancia para el feliz progreso de la misma.
Tampoco resultaría inapropiado predecir que la mayoría de las rupturas se producen por un uso ineficaz de las habilidades emocionales por parte de uno o ambos miembros de la pareja.

Desbordamiento emocional

Una de las circunstancias que más debilita las relaciones haciendo muy probable su ruptura es lo que denomina Gottman y cita Daniel Goleman en su libro “Inteligencia emocional”, como el desbordamiento; sinónimo de secuestro emocional  que se autoperpetua y que dificulta la cicatrización de las heridas provocadas por la ira.
Específicamente, el desbordamiento viene a ser una sobrecarga emocional que resulta imposible de controlar y que arrastra consigo a quienes se ven superados por la negatividad de su pareja y por su propia respuesta ante ella.
Este fenómeno distorsiona el mensaje recibido, impide responder a este con la cabeza despejada y termina desatando las respuestas más primitivas y desafortunadas. El pensamiento se vuelve confuso y no existe la menor posibilidad de empatizar con la pareja y tratar de solucionar las cosas a través del consenso.
Los problemas comienzan cuando uno de los miembros se siente continuamente desbordado, manteniéndose constantemente en guardia cuando se encuentra con su pareja con el fin de responder ante cualquier agresión emocional, saltando a la menor provocación y viendo discusiones y conflictos donde no los hay.
Con el paso del tiempo, si este fenómeno no se ve resuelto, la pareja desbordada comienza a considerar que todos y cada uno de los problemas que tiene la relación son imposibles de resolver debido a su interpretación negativa de la realidad.
Estos desbordamientos, generalmente suelen producirse por quejas reprimidas o críticas realizadas con afán destructivo hacia la propia persona.
En una pareja emocionalmente sana ambas partes se sienten lo suficientemente libres como para formular abiertamente sus quejas atendiendo al comportamiento del otro y no a su persona.
Sin embargo, suele ocurrir que las quejas se formulen en tono destructivo, bajo la forma de un ataque en todo regla contra la propia identidad de la persona, por ejemplo “eres un pasota, no te importa nada lo que hago o siento” cuando se podría decir “tu comportamiento distante hace que me sienta desatendida e infravalorada, me gustaría que hicieras algo más para poder sentirme valorada por ti”.
Las críticas hacia la propia persona tienen un efecto e impacto emocional mucho más grave y corrosivo que, acumulándose, llegan a producir un desbordamiento emocional.

Diferencias individuales

En este contexto, también debemos tener en cuenta que hombres y mujeres no sienten y expresan sus emociones del mismo modo. Ya sea por la educación recibida o por el propio carácter. Antes de establecer una estrategia emocional se debería conocer de qué manera  siente y expresa las emociones cada miembro de la pareja. Sería conveniente hacer un ejercicio de autoconocimiento e introspección en pareja.
Aun así y teniendo en cuenta que cada persona es un mundo y que no es útil generalizar, diversas investigaciones han concluido que la mayor parte de los hombres tienen una especial aversión a las disputas mientras que para las mujeres no supone un gran problema.
Ahora bien, mientras que los hombres tienden a encerrarse en sí mismos para protegerse de las quejas de la mujer, en ellos es donde se produce un desbordamiento emocional con más facilidad. Imaginemos como una olla a presión que estalla debido al cúmulo de emociones reprimidas.
Además, podemos intuir que todavía resulta más dificultoso el abordamiento  inteligente de los conflictos en pareja si tenemos en cuenta que cada uno de los miembros busca la paz de un modo diferente y con tácticas contrapuestas, de modo que los hombres tienden a evitar el enfrentamiento encerrándose en si mismos mientras que las mujeres tienden a expresarlo vivamente.
De esta manera se produce un círculo vicioso que lleva a una acalorada discusión y espiral de violencia descontrolada, conforme el hombre más se cierra la mujer más se frustra e irrita con la consecuencia de que el marido acaba siendo presa del desbordamiento emocional ya mencionado.

Remedios emocionales

Hablando en términos generales y dejando claro que todo tiene una excepción, parece claro que hombres y mujeres necesitan de remedios emocionales diferentes:
  • Los hombres deberían comprender que las mujeres necesitan expresar sus quejas y emociones incómodas e intentar no encerrarse en si mismos y tratar de entablar una conversación coherente en pro de la resolución del conflicto.
  • Las mujeres dejar de personalizar las quejas y no atacar a la propia persona, sino tratar de explicar su malestar y sentimientos ocasionados por el comportamiento de su pareja y, además y más importante, decir lo que quiere y no esperar a que sea adivinado. Basta de creer que si te quiere o te conoce debería saber lo que quieres.
Y ambos deberían:
  • Escucharse mutuamente y ponerse en el lugar del otro.
  • Aceptar las quejas y buscar una solución conjunta, crear un consenso.
  • Si se prevé que se puede dar un desbordamiento emocional, tranquilizarse antes de que se produzca o gestionarlo lo antes posible.
  • Ceñirse a hechos concretos y no generalidades que sólo llevan a confusión y críticas destructivas.
  • Permitir que el otro miembro sepa que eres capaz de comprender su punto de vista y aceptar su posible validez, aunque no coincida plenamente con el tuyo.
  • Asumir tu propia responsabilidad o incluso disculparte si reconoces que te has equivocado.
En conclusión, hacer uso de la Inteligencia Emocional y practicar las habilidades como empatía, autoconocimiento y gestión de conflictos y sobre todo, ver a aquella persona de la que un día te enamoraste, saber que sigue ahí, aceptarla y respetarla tal y como es, centrarse en las cualidades que tiene y en lo mucho que te quiere.
¡Haz un uso inteligente del amor!

Fuente: Eva de la Coba


lunes, 15 de febrero de 2016

Los secretos de las parejas felices


Los secretos de las parejas felices

El concepto y la vida de pareja han evolucionado constantemente. En el pasado, lo habitual era que el vínculo se formase en base a acuerdos políticos, económicos o sociales. Hoy día, los aspectos afectivos son los más relevantes para que las parejas se unan y también para que decidan separarse.
La probabilidad de que las parejas permanezcan juntas cada vez se reduce más. A principios del siglo XX, el 5% de los matrimonios acababan en divorcio , mientras que hoy, se calcula que el 50% de los primeros matrimonios se rompen y la probabilidad de separarse aumenta en el segundo matrimonio al 60% y hasta el 70% en el tercero.
Parece que con estas elevadas tasas de ruptura, mantener una relación estable y sólida no es una tarea sencilla. Pero, ¿cuáles son los secretos de las parejas que se mantienen unidas y manifiestan tener una relación satisfactoria?
Las parejas felices desarrollan mecanismos que les permiten regular sus conflictos utilizando el humor, los cuidados y el afecto para impedir que los pensamientos y sentimientos negativos ahoguen los sentimientos positivos y el aprecio hacia la pareja. Después de una pelea, intentan reparar la relación y aceptan los intentos de reparación del otro.
Otra característica relevante de las parejas emocionalmente inteligentes es que en las discusiones hay una legitimación y validación de la opinión del otro, aceptando, al menos en parte, la influencia del otro sobre uno mismo.
Además, tienen la capacidad de discriminar entre problemas que tienen solución y problemas que no la tienen, centrándose y dedicándose a resolver lo solucionable, al tiempo que pueden dialogar sobre lo no solucionable, en un clima positivo y colmado de afecto.
Las investigaciones de John Gottman concluyen que son tres los elementos de una relación feliz y estable:
1. Mantener un clima emocional positivo con afecto, admiración y confianza.
2. Distinguir los conflictos o problemas que tienen solución de los que no la tienen, y saber conversar de lo que no tiene solución.
3. Construir espacios de intimidad y significados compartidos. Apoyar e incentivar los anhelos y expectativas del otro.
Este mismo autor señala que hay 7 factores específicos que se presentan de manera constante en las parejas que mantienen una buena relación:

1. Son parejas que crean “mapas de amor”

Lo que significa que tienen un conocimiento amplio de las inquietudes y expectativas del otro y se preocupan de actualizarlo.
Son personas que se preguntan con frecuencia, ¿qué cosas le interesan a mi pareja? y con las respuestas van construyendo un esquema de la vida diaria de su pareja en el que tienen en cuenta los eventos importantes, los sueños, las metas y aspiraciones del otro.

2. Muestran afecto y respeto

Alimentan su relación de bondad y admiración. Crean una cultura del aprecio en los gestos más cotidianos, como por ejemplo; “disfruté mucho de nuestra conversación hoy “, “gracias por…”

3. Se acercan a la pareja

Prestan atención a los intentos de conexión de la pareja y muestran apoyo e interés.
En parejas felices se dan 70 intentos de conexión en 10 minutos, en las parejas en crisis se dan 7 intentos en el mismo tiempo. La disposición de estar ahí para el otro miembro de la pareja, para atender cualquier problema que pueda surgir, para mostrar gestos de cariño en el más pequeño de los detalles, es lo que va construyendo la relación emocional.
Estos tres primeros niveles son la base para un buen sexo y un buen romance. Gottman suele decir: “no envíes a tu pareja una docena de rosas en una sola ocasión, dale una rosa durante doce días”.

4. Aceptan la influencia de su pareja

Comparten el poder y toman las decisiones en común. Cuánto más placer se tenga en ceder espacios, más satisfacción tendrán ambos.

5. Saben regular los conflictos

Inician las discusiones describiendo los hechos y evitando criticar a la pareja, comprenden el punto de vista del otro y son capaces de aceptar aquello que no pueden cambiar de sus parejas.

6. Hacen de sus sueños y aspiraciones vitales una realidad

Se puede decir que su misión en común es el respeto, la confianza, el intercambio de valores y tener en cuenta las inquietudes vitales de cada uno, puesto que si se ven frustradas por la vida en pareja no habrá satisfacción ni personal ni marital.

7. Crean significados compartidos

Los ritos contribuyen a crear estos significados y a establecer una mayor conexión emocional con la pareja. Como decía el principito; “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Es bueno que haya ritos.”

Fuente:Ana Ameneiro López