Pongámonos en situación…
Estás con tu pareja y la cosa se empieza a poner “calentita”, que si
besitos en el cuello, caricias por acá, toqueteos por allá… Todo apunta a
que vais a tener sexo.
Es entonces cuando empiezas a pensar: -“¿Y si vuelve a salir mal?”
“¿Estaré bien lubricada?”,”¿Lograré la erección?”, “¿Seré capaz de
mantener la erección?”, “Yo creo que ya toca cambiar de posición…”-. Es
decir, analizas y estudias cada uno de los detalles de la relación
sexual que está teniendo lugar en ese momento.
Y como la atención humana tiene un límite y no solemos poder prestar
plena atención a dos cosas al mismo tiempo, inevitablemente, el placer
(algo básico para que aparezca y se mantenga la excitación sexual) queda
relegado.
En consecuencia, nuestros peores temores se cumplen: falta de
lubricación, dolores, ausencia de orgasmo, ausencia o desaparición de la
erección… Quedando, como resultado, ambos miembros de la pareja
insatisfechos y frustrados.
Pero ¡esto no queda aquí! Nuestro cerebro (que estará muy desarrollado
en comparación a otros animales, pero a veces nos juega muy malas
pasadas) guardará esta información. En el próximo encuentro sexual
anticiparemos resultados fatídicos al igual que la vez anterior y, de
nuevo, la ansiedad y la frustración se apoderarán de nosotros.
Si no rompemos este círculo vicioso, puede llevarnos a que nuestra
pareja no se sienta deseada e incluso a evitar las relaciones sexuales.
Pues bien, esto se llama Ansiedad de Ejecución, lo sufren millones de
personas en el mundo y, como casi todo en esta vida, tiene remedio.
Y “¿Qué hago entonces? ¿Dejo de preocuparme?” - Pues no, no es tan
sencillo. Probablemente eso es algo que hayáis intentado muchos de los
que os sintáis identificados con este artículo y habréis comprobado que
NO funciona.
Resulta que nuestro amado cerebro vuelve a jugarnos de nuevo otra mala
pasada y cuando tratamos de no preocuparnos, simplemente estamos
cambiando una preocupación por otra. Es decir, sustituimos el “¿Y si
vuelve a salir mal?” por “No debo preocuparme, si lo hago fallaré otra
vez”.
Para librarnos de la maldita ansiedad de ejecución y despedirnos de la frustración, hay que romper el círculo vicioso.
Esto puede lograrse a través de la técnica de Focalización o Conciencia
Sensorial. Esta técnica fue diseñada en los años setenta por Masters y
Johnson (unos genios en esto de la respuesta sexual) y tiene los
siguientes objetivos: centrarse en las sensaciones corporales,
entrenarse en el abandono mental para poder disfrutar de la relación,
disminuir ansiedades y tensiones, lograr una buena lubricación vaginal
que favorezca una relación sexual sin dolor y lograr una erección
adecuada para una relación sexual satisfactoria.
Antes de nada, si te has sentido identificad@ en este artículo, es
imprescindible que exista una buena comunicación con tu pareja, que
podáis hablar sin tapujos para poder resolver las dificultades en
conjunto.
Después, uno debe darse permiso para ser egoísta y centrarse en las
propias sensaciones sin preocuparse, por el momento, por el otro miembro
de la pareja. Sólo relájate y disfruta.
La Focalización Sensorial se compone de una serie de pautas que han de
ser guiadas por un profesional y de manera individualizada para cada
caso concreto, no obstante, este sería el esquema básico:
1. Sitúate junto con tu pareja en un ambiente relajado y tranquilo. Sin prisas y, a ser posible, sin ropa.

2.
Caricias sensuales: cada uno de los miembros de la pareja, por turnos,
acariciará al otro. Queda prohibido el coito y el contacto genital. Date
tiempo, no tengas prisa por cambiar de fase y disfruta de las
sensaciones fijando tu atención en cómo tu piel está en contacto con la
de tu pareja.
3. Caricias sexuales: podemos incluir pechos y genitales en nuestro
recorrido. No pretendas excitarte ni excitar a tu pareja, eso llegará
solo. Céntrate en disfrutar y percibir sensaciones. Comentad mientras
tanto que caricias os gustan más y cuáles menos. Exploraos.
4. Caricias simultáneas: ambos miembros de la pareja podéis tocaros a la
vez, pero el coito y la penetración aun no están permitidos. Nada de
masturbación, simplemente tocaos, acariciaos, sentíos mutuamente.
5. Masturbación: Deberéis conseguir un orgasmo a través de la
estimulación mutua. Puede que el encuentro sexual, por hoy, acabe aquí
(o no). En vuestro próximo encuentro podréis ir un paso más, no hay
prisa.
6. Penetración con orgasmo extravaginal: será una penetración suave, sin
prisas, focalizando nuestra atención en el tacto, la vista, el oído… la
velocidad puede ir aumentando progresivamente pero, justo en el momento
del orgasmo, debéis retiraos para que el orgasmo tenga lugar fuera de
la vagina.
7. Penetración completa: el entrenamiento acaba con un orgasmo intravaginal.
Las fases deben seguirse en este mismo orden, pero no hay un tiempo
determinado para cada una. Si os sentís cómodos, pasad a la siguiente.
Daos el tiempo que necesitéis.
Si en algún momento cualquiera de los dos empieza a sentir ansiedad, se
puede volver a la fase 2 y, cuando ésta haya disminuido, se continúa por
la fase en la que se interrumpió el proceso.
Cuando tengáis dominadas todas estas fases y hayáis aprendido a centrar
la atención en las sensaciones placenteras, que es lo que verdaderamente
importa, podréis probar nuevas posturas y lugares, dando rienda suelta a
la imaginación.
Os animo a que lo practiquéis, sufráis ansiedad de ejecución o no, ya
que los ejercicios suponen algo agradable por sí mismos y aumentan el
autoconocimiento y el de nuestra pareja.
Por María Huertas.
http://www.porunorgasmodiario.com/2013/10/cuando-los-nervios-nos-juegan-una-mala.html